UNA EMPRENDEDORA EN DESARROLLO

Publicado el 05 octubre 2017

Hoy es aquellos días que llama la atención de astrónomos y curiosos, ya que es la noche de la luna roja, luna de sangre dicen algunos, en donde la luna se viste de rojo en un eclipse total espectacular y único, dicen que se volverá a ver en el año 2033 en 16 años más. Estos fenómenos naturales tienen efectos visibles y efectos invisibles que van directamente al interior de las personas. Curiosamente los expertos dicen que la luna roja representa “la revalorización”, este camino comienza recordando cosas de nuestra historia tendiendo a dar una vuelta al pasado, buscando hechos o personas que creemos podemos aprovechar a re contactar o aplicar en la situación actual. Volviendo al presente con aquellas cosas que aportaron valor a nuestras vidas para volver a valorar y a fortalecer, así como también tomar aquellas cosas que fueron negativas y que solo traeremos al presente para soltar, aprender y crecer. Sin duda este acontecimiento está perfectamente alineado con mi momento actual, y con la serie de preguntas que comienzan abrirse en mi memoria. 

Emprender”, “Emprendimiento Femenino”, uf! y como por arte de magia mi memoria a largo plazo me traslada al pasado, a un pasado bien lejano, a finales de los 70´ y con apenas algunos destellos en mi memoria, comienzo a visualizar que en el patio de mi  casa, las personas entran y salen a un mismo horario. A mi mamá le dicen: ¿señora Hilda me da permiso para salir más temprano?, en realidad yo no entendía mucho, solo tenía 3 años. Había una especie de habitación grande a la que llamaban taller, en esa habitación habían personas que se sentaban al frente de unas máquinas como tejiendo pelo natural para hacer pelucas; tanto pelo me llamaba mucho la atención; y muchas veces parte de mi día transcurría corriendo a través de aquellas máquinas, jugando y riendo, para luego concretarse la misma escena de enfado de mi madre por estar molestando a las personas en su lugar de trabajo. 

Esa palabra retumbaba en mis oídos, ¿Trabajo? ¿Qué es trabajo? Recuerden que solo tenía 3 años.  Bueno me voy de ese lugar, y así transcurren los días hasta que un sábado muy temprano mi madre me dice que necesitaba que la acompañe a ver una proveedora, ¿proveedora? que es eso me pregunto yo, no sé pero ni siquiera me atreví a preguntar. En ese entonces mi madre y yo nos subimos a una micro de la época llamada “Liebre Verde” ese autobús solo tenía una puerta que funcionaba como subida y bajada, por lo que era un gran desafío la aventura en la liebre; después de casi dos horas de viaje llegamos a nuestro destino; la proveedora, que por cierto se llamaba “Clementina”.


Mi madre aparte de tener un taller de pelucas, tenía negocios de muñecas y varias cosas más, ella le llamaba “paquetería” un significado muy distinto a lo que es hoy en día…. Bueno volvemos donde la señora Clementina, ella era una mujer robusta que le mostraba diferentes pieles a mi madre, pieles de colores con la que se hacían peluches, para mi ¡aburrido! pero me llamaba mucho la atención las conversaciones, ¿Cuántos metros de tela necesitas? ¿Cuáles son los colores que buscas? ¿Cuál es la textura? ¿Plazo de entrega? ¿Plazos de pagos? Y yo jugaba y jugaba entremedio de las telas suaves de colores, mi madre me volvía a regañar y la señora Clementina le decía cuidado con la niña que no ensucie las telas Ufff! la proveedora era media mañosa. Es así como mis días de niña juguetona transcurrían entre las idas y corridas de la agitada vida de mi madre. Ella se levantaba muy temprano para abastecer sus locales y hacer que su taller funcionara. A las 04:00 AM se levantaba para ir donde sus proveedores y retirar las distintas materias primas que usaría para el diseño de sus productos, para luego a las 10:00 AM  estar de vuelta en su taller y recibir a sus trabajadoras y ya a las 11:30 AM estar lista para salir a repartir mercadería y abastecer a sus distintos locales que se encontraban en pleno centro de Santiago. Obviamente una ardua tarea para una “mujer emprendedora” y madre a la vez, que compatibilizaba sus actividades comerciales con las maternales. Si te detienes a pensar, para poder cumplir con cada uno de estos desafíos, solo puede moverte una profunda fuerza interior que en este caso estaba motivada por una pequeña niña. 

A medida que pasaban los años comenzaba a entender lo que significaba la fuerza del negocio propio, y lo difícil que se hace para quiénes deben estar constantemente motivados para continuar frente a las adversidades externas o internas que se pueden presentar. Recuerdo a muchas personas que llevaban la fuerza del emprendimiento y la pasión por los negocios, puedo destacar a uno de ellos que sonaba mucho en mi niñez, el señor “Martinez”, un señor muy inteligente y hábil para los negocios que cada mes visitaba a mi madre para el pago del arriendo de un local. Admirable por su conocimiento literario, político y por supuesto, por su espíritu emprendedor. Quien sin duda me enseño que la fuerza del conocimiento y la perseverancia te pueden llevar muy lejos. Y así como el señor Martinez se me vienen tantos rostros a mi memoria y tantos tipos de emprendimientos, en una época álgida donde todo era difícil, no tenías teléfono en casa,  tener auto era un lujo y por lo demás donde comenzaban a palparse los graves problemas en la economía Chilena que desencadenarían una de las mayores crisis económica nacional de los años 80´.

Esta crisis fue un suicidio para muchos negocios y fabricas establecidas, pero para algunos también fue una oportunidad. Mi madre perdió locales, y su pequeño taller no fue la excepción de vivir el gran terremoto del momento. Entre tanto escuchar de negocios, a la edad de 6 años decidí iniciar el mío, así que  un día llegué del colegio y le dije a mi madre: “quiero ser empresaria y necesito que me financies”, Uff tremendas palabras para 6 años ¿no?, creo que apenas sabía el significado real de lo que estaba solicitando. Mi madre como siempre, muy sabia me dijo claro que te ayudaré ¿qué negocio te gustaría realizar? , al pensar por unos segundo le contesté, ¡venderé calugones! son fáciles de transportar, a todas las niñas de mi curso le gustan sin contar el resto del colegio, sin saberlo ya tenía identificados mis clientes objetivos y el tamaño de mi mercado.

Perfecto me dijo mi madre, te apoyaré con el capital inicial, te compraré tu primera caja de calugones. Al día siguiente mi madre llegó con las cajas de calugones prometidas, mis ansías no podían esperar, ya tenía el producto que tanto quería vender y lo mejor de todo es que ya tenía mis propios clientes. Por la tarde al llegar mi madre a casa, me preguntó cómo me había ido en el primer día de mi negocio,  yo estaba feliz, irradiaba éxito en mi sonrisa, ¡excelente! le dije a mamá, ¡vendí todo!, tuve muchísima demanda;  entonces mi madre me dice que bien hijita, ¡te felicitó! y ¿cómo vendiste? ¿Cuánto ganaste? ¿Tienes el dinero para comprar tu segunda caja de calugones?, todas esas preguntas sonaron fuerte en mi cabeza, y todas se entrelazaba, pensando en lo difícil de cada una de esas respuestas……mmmmm en realidad solo sé que vendí todo y que no me quedó ningún calugón en la caja. ¿Cuánto gane? No lo sé, ¿si tenía dinero para comprar la segunda caja? mmmm en realidad no, y el gran porcentaje de la venta fue a través de productos fiados a mis clientes, sin plazo de pago, sin lista de deudores, es decir nada, y bueno tampoco había anotado la cantidad de calugones que me había comido yo misma, ni cuántos de ellos había regalado a mis profesoras; mi conclusión de esa primera aventura, es que sin ningún lugar a duda, me faltaban muchos conceptos básicos para sortear las primeras dificultades de mi negocio, y por otro lado como arte de magia la pasión por esa primera aventura disminuyo hasta extinguirse del todo…. Regla de oro, sin pasión por tu primer emprendimiento no cruzas  los primeros obstáculos, ni ves lo positivo que puede tener cualquier primer intento fallido.

Después de esa amarga experiencia y ver que mi empresa había quebrado en un día,
 decidí continuar con mis juegos de niña. Entre tanto ir y venir pensaba tardes entera en lo que quería ser cuando grande, y curiosamente siempre me veía viajando, hablando con personas de distintos acentos. Así es como en un momento quise hasta ser diplomática, ¿sí? y aunque no lo crean avance mucho en ese camino hasta desistir por muchos motivos que claramente hoy  no vienen al caso contar. La quiebra de mi pequeño negocio a los seis años, marcó mis siguientes años y no volví a pensar en un nuevo emprendimiento hasta muchísimos años después.

Cuando años más tarde me encontraba en la universidad, pensando y visualizándome en el lugar donde quería ejercer mi profesión, me visualizaba como una mujer de negocios trabajando en una gran multinacional, haciendo negocios con distintas culturas fueras de mi país y conociendo muchísimos lugares que para mí entonces eran totalmente desconocidos… este sueño me llevo a estudiar más de una carrera profesional y a su vez hacer diversos cursillos que quizás algún día podrían ser de utilidad, esto último era bien raro, porque si bien es cierto quería estudiar para desempeñarme en una gran empresa, siempre los cursillos que elegía eran para pequeños emprendedores, ya que al ser más baratos me los podía pagar yo misma y así no abusar de mi querida madre pidiendo la infinidad de cosas que se me ocurrían. Durante el transcurso de mi temprana juventud, siempre me crucé una y otra vez con diferentes emprendedores que marcaron mi vida… ahora creo que bajo mi condición de hija única marcada por la mano del matriarcado, mi camino estaba profundamente ligado por la palabra “emprendimiento” y si este era femenino, sonaba con mayor fuerza dentro de mi... en ese recorrido conocí a Anita, una hermosa madre, mujer y amiga que tuve la infinita suerte de conocer (aunque no creo en la suerte en realidad, creo que todo tiene que suceder por una razón más fuerte a nuestro propio entendimiento). Ella era la mamá de mi novio de entonces, fue y es una mujer emprendedora con mucho sentido de la familia donde pude vivir y sentir que la motivación principal de su negocio fue lo más bello que una mujer puede generar: sus hijos. Tuve la oportunidad de trabajar y aprender a su lado y mi paso por su empresa: “Filtración Industrial”, me abrió una puerta a nuevos conocimientos, a la madurez y experimentar los desafíos del emprendimiento en primera persona.

Tras mi paso por la empresa de Anita, luego de haber salido de la universalidad y haber trabajado en empresas de Retail y multinacionales muy interesantes; he atesorado un mundo de enseñanzas. Estoy agradecida de haber concretado mis sueños de niñez y adolescencia tales como conocer otras culturas, viajar e interactuar en la primera fila de los negocios internacionales. Sin embargo, sigo mirando a mí alrededor y continúo preguntándome que es lo que guía mi vida, al parecer las respuestas son variadas, seguir trabajando con otras culturas es algo que me motiva, pero lo que llena mi alma y me hace soñar es:

  • Desarrollar mi potencial al máximo
  • Dejar un legado a mis amados hijos
  • Homenajear a mi hermosa madre quien ha dado su vida para que yo sea feliz. 
Es allí donde comenzó el camino al sueño, es allí donde comenzó mi metamorfosis mental. Mis viajes ya eran con una mirada distinta, no solo consistían en apreciar culturas y lugares diversos, sino más bien buscar aquello que en realidad necesitaba, lo que llenaba mi corazón.

En Tailandia visitamos muchos templos, y lo digo en plural porque mi alma aventurera no es solitaria, me gusta compartir lo que veo, lo que siento, lo que huelo… pero ese es otro tema. En los templos budistas me llamo la atención el comportamiento de las personas, la solemnidad, respeto y humildad con que visitaban a su Buda, pero hubo un momento especialmente solemne que me marcó y fue cuando tuve la oportunidad de entregar la flor de la caléndula en uno de los tantos templos que visité. Esa Colorida y humilde flor tiene un significado muy especial para los orientales, porque en un momento de la historia esa flor fue el azafrán del hombre pobre, ya que sirvió como alimento de los más necesitados, también fue vida ya que para ciertos pueblos de oriente era una planta medicinal que curaba heridas, sanaba enfermedades, al mismo tiempo que para otros significaba vida e iluminación porque sus pétalos siempre seguían al sol. Creo que este bello concepto nunca se me olvidó y me cautivo. 

Tras mi experiencia en Tailandia, unos meses después volví a Asía, pero esta vez a China con varios sueños en mi maleta. Fue un viaje que no estuvo exento de dificultades, entre tanto caminar y conocer, encontré aquellas personas que me continuarían abriendo el mundo, entregándome nuevas oportunidades. Los lazos comenzaron a estrecharse y mi mente creadora comenzaba a funcionar cada día más, quizás como hace mucho tiempo no lo hacía. Aún recuerdo aquel día, cuando me miré al espejo y vi a esa niña de 6 años que con tanto entusiasmo quería ser emprendedora, como su madre; ese día nació mi sueño, un pedacito de mi esperanza, el reflejo de esa fuerza interior femenina, ese día nació: Bella Atellier. 

Al igual que mi madre comencé a tener mis propias proveedoras; curiosamente sin ser feminista, los proveedores claves de este hermoso emprendimiento está siendo liderado por mujeres que como yo tienen una fuerte motivación en su corazón: Nunca renunciar a sus propios sueños.   
 
FIN

...Me permití escribir y compartir parte de mi historia, solo para decirles que cada camino trazado, trae consigo una oportunidad de crecimiento, y todo aquello que deseamos, con todas nuestras fuerzas durante ese camino, sin pisotear el sendero de otros; el universo y lo más sagrado, se conjuga en entregártelo.   Por lo que nuestro aporte como Bella Atellier, es trabajar desde lo positivo entregando información de otros emprendedores y así mismo aportar con artículos de la sicología positiva. Por lo que los invitamos a ser parte de este hermoso camino...





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